Hacer el duelo

de la mujer que eras

– Sandra Gómez –

¡Cómo nos cambia la maternidad!

Al centro llegan a diario mujeres para ser atendidas por diversas razones, en muchos casos, las visitas suelen ser continuadas por el tipo de tratamiento que estamos haciendo con ellas.

Durante estas sesiones es inevitable no conocernos un poco mejor y hablar de nuestras cosas, sobre todo las de ellas, pues al final ese rato que compartimos también supone un desahogo para muchas de ellas y un momento para sí mismas. Para algunas es incluso la primera vez que hacen algo solo para ellas desde que han sido madres. 

Es así cuando sale un tema muy común, pero poco visualizado: cómo les ha cambiado la vida tras ser madre. Solemos ver y hablar siempre de la parte más bonita de la maternidad, desde el embarazo y hasta cuando ya ha nacido el bebé. Pareciera como si no pasaran cosas malas, la mujer siempre está ideal, en perfecto estado físico y emocional, todo funciona de maravilla. Una vez ha dado a luz, la recuperación ocurre como por arte de magia en apenas unos días, el bebé duerme en su cuna toda la noche, toma lactancia materna o artificial sin inconvenientes y apenas se le escucha llorar. Qué bonito es todo.

No quiero sonar negativa, de hecho, estos casos existen, lo sabemos; pero son los que menos. Por norma general, el embarazo, aunque vaya todo bien, deja sus huellas o cicatrices en el cuerpo de la mujer durante un largo periodo de tiempo, a veces para siempre. El bebé es un ser muy demandante, completamente indefenso y necesita a su madre prácticamente TODO EL TIEMPO.

Es probable que tu barriga quede hinchada aún sin bebé, que te queden unos cuantos kilos de más y no quepas en tu ropa por unos cuantos meses. También es probable que estés agotada física y mentalmente, la responsabilidad de ser madre no es poca cosa y puede llegar a ser muy estresante. Tienes muchas posibilidades de que tu bebé no te deje apenas ducharte tranquila, porque solo se calma contigo; que la lactancia materna o el bibe presente algún que otro obstáculo. El tiempo libre apenas existe, al menos no para ti sola, hasta que tu hijo sea más independiente, será como tener una pegatina constante… y así muchas situaciones similares. No son ni mejor ni peor, simplemente son. Y es importante que sepamos esta parte más dura y exigente de la maternidad. No para quejarnos, no para echarnos atrás, no para tener miedo; sino porque es conveniente conocer todo lo que implica traer un bebé al mundo con su más y sus menos, para facilitar la aceptación y adaptación al nuevo cambio.

Tener falsas expectativas sobre cómo iban a ser las cosas no ayuda, porque nos hace exigirnos o compararnos con maternidades que no son las nuestras. Pensar que todo iba a ser igual que antes es un error tan grande como pensar que todo iba a ser como tú pensabas. La maternidad es bonita y dura a la par; sin embargo, la parte dura puede ser mucho más fácil si lo tomamos con buena actitud e informadas.

Suelo Pélvico

Nada va a ser igual que antes. Tú eres la primera que ya no serás la misma, y lo mejor es aceptar esto y dejarse llevar. Fluir con la nueva situación sin expectativas, sino simplemente dejando que ocurra. Sabiendo que ahora tu vida ha cambiado, no es ni mejor ni peor, simplemente diferente. Habrá cosas que se mantengan igual o con el tiempo volverán a ser igual, pero no todo y aquí es importante hacer el duelo.

Un duelo de lo que éramos antes de ser madres, dueñas absolutas de nuestro tiempo y decisiones. A veces cuesta hacerse a la idea, no es que ya no seas una mujer independiente, sino que ahora hay alguien que depende de ti y que inevitablemente generará cambios en tu vida. Las decisiones siguen siendo tuyas, claro que sí; pero siempre o casi siempre tu bebé entrará en la ecuación. El tiempo sigue siendo tuyo, pero siempre o casi siempre en compañía de tu bebe.

Así con un sin fin de cosas más.

Cuando no somos conscientes de esto o nos resistimos al cambio queriendo llevar el mismo tipo de vida que teníamos antes, entonces es cuando surgen los conflictos. Conflictos internos, contigo misma, porque puede que no estés siendo completamente honesta con la nueva situación y que entres en una lucha constante de tratar que todo vuelva a ser como antes, cuando ya no es posible. De esto se trata hacer el duelo de la mujer que eras, sin miedos ni rechazos, sino abrazando el cambio, aceptando y reconociendo cómo son las cosas ahora. Sobre todo, los primeros meses. Es probable que, poco a poco, muchas cosas vuelvan a su cauce, pero estoy segura de que tú habrás crecido y evolucionado tanto que quizás ni siquiera recuerdes cómo lo hacías antes. 

Esta es tu vida ahora. Después de todo, sigues siendo tú.

¿Te contaron algo del post parto? ¿Eres consciente de esto?

¿Tú también hiciste un duelo por la mujer que eras?

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