PARIR,

una mirada hacia atrás

Parte II

– Sandra Gómez –

La forma que tenemos de atender el parto en las sociedades contemporáneas es algo muy nuevo si lo comparamos con toda la evolución que ha tenido este proceso en la historia. Los grandes avances en la tecnología llegan también al sistema sanitario y, cuando el hombre entra en la ecuación del parto, es cuando empieza la medicalización y el trasladado al entorno hospitalario. Los motivos son muchos, pero entre otros, porque durante mucho tiempo las mujeres no podían estudiar y ejercer la medicina. Hay otras muchas otras causas que explican cómo y porqué el hombre entra a formar parte de este acto tan sagrado para las mujeres, pero no es el motivo de este blog. La idea es conocer cuáles han sido los cambios que ha ido experimentando el proceso de parto con el paso de los años.

Dibujo de cesárea con bebé

Hace unos 50 años, aproximadamente, es cuando se produce una migración masiva de los partos domiciliarios a los centros sanitarios. En España esto sucedió entre las décadas de los 60 y 70. Esta migración es causada por varios motivos, algunos más directos que otros, por ejemplo la proliferación de hospitales que pudieran albergar a mayor número de población. Otra de las razones, fue la de reducir las tasas de mortalidad durante el parto basándose en la idea de que si hay formas para mantener con vida a la mamá y al bebé, ¿por qué arriesgarse?

Con la llegada del parto al hospital y el hombre en el paritorio, aparecen también otros factores determinantes: la postura horizontal, la episiotomía, protocolos de actuación y tiempos estimados. Entre otras cosas, porque los doctores pretendían que las mujeres abrieran las piernas y ellos pudieran tener un acceso más fácil para poder hacer las labores médicas requeridas. Cuando el parto se lleva al hospital parece que lo único que cambia es el lugar donde se realiza, un lugar que ofrece higiene y seguridad ante posibles riesgos. Se empieza a expandir la idea de que el parto es un proceso peligroso y muy doloroso que la mujer no puede realizar sola y por eso debe ser intervenida, para traer al niño al mundo sano y salvo. Bajo esta premisa y ante la palabra de un médico, ¿qué opción puede tener una mujer? Sobre todo si le dicen que corre riesgo la vida de su bebé.

Este cambio de localización de parto trae consigo otros cambios, o consecuencias más bien. Es cierto que es un lugar limpio y seguro, pero ¿es realmente necesario?

Hay un hecho muy significativo que respalda (por decirlo de alguna forma) esta necesidad de intervención, y es que cuando el parto se realiza en el ambiente hospitalario comienzan a aparecer ciertos problemas: partos excesivamente largos en horas, poca dilatación, dolores insoportables, bebés que “no salen”… No es que fuera del hospital no pasaran estas cosas, sino que se agudizan en el hospital y, si lo pensamos, la razón es muy evidente. 

En los hospitales hay mucha luz, necesaria para trabajar bien; salas de parto excesivamente frías tanto en temperatura como en cuanto a acogedoras; muy poca intimidad, el desfile de profesionales sanitarios es continuo; mucha contaminación acústica, de otros paritorios o de los mismos profesionales; pocas posibilidades de movimiento, la mujer es postrada a la cama en posición de litotomía… O sea, lo que es el “planeta parto” no existe.

¿Has escuchado alguna vez eso de que: el parto iba a fenomenal, pero fue al hospital y se frenó todo el proceso? Pues digamos que eso es más o menos lo que comenzó a ocurrir en los hospitales. La excesiva visión mecánica del parto hizo que se perdiera esa parte natural y fisiológica tan necesaria para parir, para parir solas.

Durante muchos años hemos sufrido esas consecuencias, aún a día de hoy siguen ocurriendo casos así, partos muy intervenidos y poco respetados, pero no todo es malo. Los avances también han servido para demostrar que la mujer puede parir sola, que no es necesaria tanta intervención (al menos no siempre, sino solo cuando es imprescindible para ayudar a la mamá o al bebé), la matrona ha ido recuperando las labores de las que fue despojada y es quien, en primera instancia, acompaña el parto, salvo que se requiera alguna intervención para las que si se cuenta con un personal médico especializado. Así es como sucede en nuestro país, España, aunque aún hay muchos países en los que no pasa esto.

Son muchas las mujeres que de forma independiente, asociaciones como el Parto es Nuestro e, incluso, profesionales sanitarios quienes han luchado en los últimos años por defender la práctica de partos más respetados, porque la mujer sea la protagonista de su propio parto, por formar e informar acerca del proceso de parto y las condiciones idóneas para cada mujer. Parece que cada vez somos más conscientes de esto y las propias mujeres nos preparamos para ello, para recuperar el control de la llegada al mundo de nuestro bebe con talleres como los de Parto y Movimiento u otro del estilo.

Y ojo, que no estoy diciendo que esto solo sea posible en partos en casa, donde desde luego el ambiente no puede ser más especial. También puede ocurrir en el hospital, podemos crear nuestro propio planeta parto y hacer así el paritorio un poquito más nuestro. Hay muchos hospitales que ya cuentan con salas de parto con ambientes y recursos  en los que se puede tener mayor movimiento y menos intervención.

No debemos olvidar que las experiencias que nos llevamos se quedan grabadas para siempre. No basta con que “la mamá y el bebé estén vivos”, no cuenta únicamente el resultado, no todo vale. Es importante y necesario que se respete el proceso ya que la experiencia que vivimos a nivel emocional y física es fundamental para determinar cómo empezamos nuestro camino en la maternidad.

Como dice el gran Michael Odent:

“Para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer.”

¿Sabías acerca de todos estos cambios? ¿Tuviste alguna experiencia similar?

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