Antes de empezar con los contras de la famosa diástasis debemos saber con claridad, ¿qué es la diástasis? En el post Diástasis esta no es mi tripa te explicamos de forma detallada todo lo que deberíamos conocer sobre la diástasis antes de continuar leyendo.

Como vemos, la diástasis puede ocurrir en toda la longitud del músculo. La diástasis va desde nuestro esternón hasta el pubis. Recorre el camino que forma la línea alba, formada por ese tejido conectivo.

Por ello, cuando acudáis a valorar vuestra diástasis es importante medir tanto por encima como por debajo del ombligo. En otro post os explicamos cómo debería de realizarse una correcta valoración de la diástasis.

PROBLEMAS QUE OCASIONA LA DIÁSTASIS

Además de razones estéticas, como la separación visible entre los rectos o la “barriga de embarazada” incluso aunque haya pasado tiempo desde que dimos a luz (el parto), hay otros muchos síntomas que pueden presentarse:

  • Hernias de las vísceras intraabdominales. Suelen aparecer en forma de bulto o cresta entre ambos rectos del abdomen cuando realizamos esfuerzos, como por ejemplo al levantarnos de la cama como si realizásemos un abdominal clásico.
  • Digestiones más lentas, con acumulación de gases y sensación de hinchazón.
  • Dolor lumbar.
  • Dolor abdominal.
  • Problemas uro-ginecológicos como incontinencias o prolapsos.

No significa que todos ellos estén presentes en personas con diástasis o que si tienes esta condición todos estos síntomas vayan a aparecer.

En el postparto inmediato el 68% de las mujeres presentan diástasis y los síntomas más relevantes son: el dolor abdominal, la disminución de satisfacción física y una distorsión de la imagen corporal.

Entonces, ¿a mayor diástasis mayor probabilidad de sufrir todos esos síntomas o de que estos sean más severos? No, no es del todo así. Como ya vimos anteriormente la diástasis depende de muchos factores.

Uno de ellos, el más importante si cabe decir, es la tensegridad (capacidad de mantener la tensión equilibrada y distribuida) de la línea alba. Quiere decir que el tejido de nuestra línea alba tiene que ser capaz de equilibrar todas las tensiones que le llegan y distribuirlas de forma homogénea.

La mejor forma de realizar esa función es que la línea alba mantenga una tensión continua que se oponga a otras fuerzas que intenten distorsionarla. Así nuestra línea alba, en una imagen ecográfica tomada estando tumbados boca arriba, debe de mantenerse como si fuera una línea horizontal.

¿CÓMO PUEDO DETECTAR ESTE PROBLEMA?

Al levantar la cabeza debería de seguir manteniendo una tensión continua de la línea alba y tendría que ser capaz de aproximar un poco nuestros dos rectos del abdomen disminuyendo así la diástasis. Además, el tejido debería poder soportar la fuerza que hacen sobre él las vísceras, impidiendo que estas salgan hacia afuera produciendo hernias.

Sin embargo, en algunos casos, cuando elevamos la cabeza nuestro tejido se distorsiona haciendo formas ondulantes que no le permiten mantener esta capacidad. La diástasis disminuye, pero el tejido no realiza su función de contención.

En esos casos, cuando evaluamos una diástasis de forma manual, podemos sentir que nuestros dedos se cuelan hacia el interior del abdomen cuando levantamos la cabeza.

Entonces, ¿qué es más importante? ¿la distancia de la diástasis o la tensegridad de la línea alba?

Sin ninguna duda, nos quedamos con la segunda. Una línea alba que no mantiene la estabilidad visceral durante los esfuerzos es un tejido incompetente, aunque la diástasis haya disminuido. Estos casos están relacionados con tejidos más pobres en colágeno (elemento de sostén que se encarga de mantener unidas las distintas partes del cuerpo).

Además, la disminución de colágeno está asociada, como es lógico, con una mayor incidencia de hernias a largo plazo, y por tanto nos indica que las presiones intraabdominales no se están gestionando bien.

¿Y qué sucede si las presiones intraabdominales no se gestionan correctamente? Mayor sufrimiento de nuestro suelo pélvico, de la zona lumbar y cómo no, del abdomen. Por lo tanto, mayor predisposición de sufrir lesiones en todas esas zonas.

CÓMO CORRIJO ESTE PROBLEMA

La solución a toda esta situación es, como decíamos en el primer post, el trabajo de la musculatura profunda del abdomen mediante ejercicios como los hipopresivos y el trabajo activo.

La activación del transverso del abdomen en concreto es la que buscamos en la recuperación de la diástasis. Con su contracción aproximamos los rectos del abdomen debido a la íntima relación que hay entre ambas estructuras. Además, también mejoramos la tensión de la línea alba por el mismo motivo.

La aponeurosis (tejido en forma de membrana que se encarga de anclar los músculos a otras partes del cuerpo) del transverso del abdomen continúa en forma de fibras transversas en la parte posterior de los rectos del abdomen y de la línea alba.

Significa que hay una gran conexión entre todas las estructuras que hemos mencionado anteriormente. Así, cuando hay activación de una de ellas (en este caso del transverso) se activan las demás. Con la contracción de la musculatura profunda los rectos se aproximan y la línea alba se prepara mejorando su tensión contra posibles fuerzas que intenten deformarla durante los aumentos de presión dentro del abdomen.

Por todo ello elegimos la activación de la musculatura profunda del abdomen para recuperar la diástasis. Además, la utilización del indiba junto con los ejercicios nos permite mejorar la cantidad de colágeno del tejido de la línea alba que como vimos anteriormente es un punto importante en la recuperación de la diástasis.

Después de toda la información creo que cabe destacar que la diástasis no es un tema fácil. Por ello es importante que tanto la valoración como el tratamiento sea realizado pro un profesional sanitario que además diseñe un programa de rehabilitación específico para cada uno de los casos ya que no todas las diástasis son iguales.

Si tienes mas preguntas sobre este tema, escríbenos y te aclararemos todas ellas.

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